¿Cómo narrar lo ocurrido hoy en el Deliberante? A falta de una mayor capacidad de síntesis, recurrimos a un punteo completo de cada una de las reyertas, acusaciones y malestares enunciados en esta soleada jornada.
Otharán vs. Frugoni (ausente): donde la primera pide la remoción de la segunda como presidente del Concejo Deliberante, por considerar que la misma no ha preservado la calidad institucional del Cuerpo.
Ambrogi vs. Frugoni, Ragusso y Pérez: donde la primera anuncia haber denunciado penalmente a los siguientes tres. Técnicamente, por abuso de poder e incumplimiento de los deberes de funcionario público. El fundamento: graves faltas al reglamento interno (aplicación del artículo 43). De paso le pega en particular a Frugoni, adhiriendo al pedido de Otharán.
Perez vs. Ambrogi: donde el primero responde a lo ut supra denunciado, desestimando los cargos por no haber sido sancionada aún la nueva Carta Orgánica Municipal. Ninguno de los presentes entiende una jota. Doy fe de ello.
Otharán vs. Moreno: en ocasión de sancionarse la urbanización de la Chacra 32, la primera desliza que el segundo está de alguna manera vinculado al negocio inmobiliario. Algo como eso fue dicho, algo así más o menos.
Curi vs. parece-que-todos, excepto Ambrogi y Otharán: por no haberse sancionado una regulación de seguridad que hubiese resultado útil de cara a la inauguración de un nuevo boliche bailable, “La Gitana”.
Billiorian vs. Curi vs. Billiorian (consignado a la manera de sanguchito para abreviar): Curi afirma en una sesión pasada que nadie más que ella trabaja en el tema de “seguridad” y Billiorian se ofende. Entonces le pide a su colega que se disculpe, invocando que ella trabaja mucho en el tema, meta y meta reunión en el Concejo de Prevención del Delito. Curi no se disculpa nada.
Ambrogi vs. Jara: por haberse consultado sólo al UPCN en la elaboración del programa “Reconocimiento por años de servicio a agentes municipales”, hoy sancionado, excluyéndose al resto de los gremios presentes en la vida municipal.
Ragusso vs. vaya-a-saberse-quién: en una petición de palabra algo enigmática, Ragusso dice estar cansado de las cosas que se escuchan y afirma que decide no callar porque “el que calla, otorga”. Dicho lo cual, calla.
(Mientras tanto, la concejal Noya silba bajito, ajena a las balas que vuelan hoy sin rozarla y dedicada a pronunciar con prístina corrección la letra “elle” del nuestro abecedario).
Vecina Andrea Vigliani vs. Curi: en un final cercano al paroxismo, el concejal Ragusso cede la palabra a esta vecina, que a su vez procede a denunciar en forma pública a la concejal Curi. Parece que esta última está atrincherada en la casa de la primera desde el mes de mayo y que no se la devuelve y ya está.
Una intenta ponerle onda a la crónica, claro, pero en el fondo nada de esto tiene gracia.
Acaso lo más medular fuera dicho por la concejal Otharán (que declinó con sensatez el rol de vedette que la ocasión le ofertaba), devuelta a su banca por una medida cautelar del Tribunal Superior de Justicia. Porque dijo que no iba a festejar su “regreso”. Porque rechazó plantear la cosa en términos de “quienes ganaron” y “quienes perdieron”. Y porque lamentó que un Concejo Deliberante formado por cinco diputados oficialistas y seis minoritarios no haya podido levantar la puntería de la discusión política, ya que en general las votaciones se cocinan en mayoría sin voluntad de consenso con el resto. “Pudimos tener una dinámica más rica”, sentenció.
Desde la perspectiva acotada de esta cronista y tal como se andan exponiendo las internas del Concejo, el diagnóstico de Otharán suena cierto. Hacemos votos para que este grupo disfuncional logre trabajar como corresponde. De lo contrario, seguiremos pareciéndonos a una Dinamarca que huele francamente mal.
Christine Clark