15/03/10 - Ha comenzado a circular la noticia: una ordenanza aprobada por mayoría cambia algunas reglas del juego entre la Subsecretaría de Cultura local y la comunidad entera. Una ordenanza que no es proyecto ni propuesta: es cosa votada. Que marca un cambio en el modo en que se financia el Fondo de Cultura. Y que circula como noticia hoy aunque haya sido puesta en vigencia en noviembre del año pasado.
Dice Gustavo Santos, en la entrevista radial emitida el pasado domingo en FM de la Montaña, que este Fondo de Cultura es tan necesario como histórico. Recién ante una repregunta del periodista reconoce un matiz de cambio en su “historicidad”. Pero aclara que hay que leer bien la ordenanza.
Hagámoslo. Para pasar la cosa en limpio, muchas actividades que hasta el momento eran gratuitas en la práctica se han convertido en tasas tarifadas. Eso dice la ordenanza. El cambio es sensible: donde antes existía la figura de “bonos contribución” (por defecto, voluntarios), hoy tenemos “tasas municipales” (que existen para ser pagadas). Tarifas. Tarifas para asistir a talleres municipales, tarifas para exponer obra en el centro de exposiciones, tarifas para el uso de sillas, tarifas por todas partes. El tarifario vigente tiene de todo: precios módicos para los talleres ($5) y disparatados para exponer obra (30$ diarios, a sacar la cuenta de cuánto cuesta colgar obra durante una o dos semanas). Poco o mucho, habrá que pagar por generar actividad cultural, impacto que desde ya alcanza a sus usuarios de manera directa e indirecta.
En el caso del centro de exposiciones, la nueva ley (tal como está escrita) no afectaría exclusivamente a los artistas. Es importante entender este punto. Como usuarios, no podríamos acceder a la obra de artistas que decidan no pagar por motivos ideológicos y de costo. La oferta cultural podría de quedar reducida a quienes eroguen lo que se impone. Debemos advertir el riesgo.
Respecto de los talleres, una cosa es participar de un espacio incluyente que forma parte de un criterio de promoción cultural y gratuito y otra tener que pagar, poco o mucho. Encima una tarifa que sólo suena a bajada de línea ideológica: “que todo cueste”. La pregunta se impone ¿qué es esto?
El meollo del asunto es que las cosas ya cuestan. Y que los presupuestos vienen de la gente, no de la benevolencia oficial. Esos talleres ya están pagos. Y el funcionamiento de la sala de exposiciones debe ser parte de la misión presupuestaria de la secretaría. Rapiñar más recursos a este costo (si prestamos atención a la letra escrita y no a las palabras de Santos, que la relativiza) es por lo menos torpe. En la hipótesis de máxima, plantador de barreras que no suenan a inocentes.
Las sociedades se adormecen al ritmo del atropello. Estamos acostumbrados a dejar pasar cosas. Incluso las hay peores que esta. Pero en este caso estamos perdiendo una tradición noble de nuestra comunidad cambiándola por otra que huele feo.
Una de dos: este tema es menor o es gravísimo. En esta diferencia de apreciación se juega todo. Hay en marcha propuestas de resistencia. Un abrazo simbólico que se viene. Malestar.
Todo esto es así en la letra pero en la exégesis de Gustavo Santos parece ser algo diferente. Exégesis que emerge recién en el final de la entrevista, cuando afirma que pagará quien quiera. Quedaría así: aunque la norma diga “tasa municipales” y no “bonos contribución”, en realidad son “bonos contribución” que aunque ahora se llamen “tasas municipales” seguirán siendo “bonos contribución”. Lamento que la frase suene retorcida: difícil ser más clara cuando todo está así, raro.
Gustavo Santos mandó un proyecto de actualización de los montos en materia de bonos contribución. Se infiere por sus palabras que el contenido de la ordenanza aprobada es responsabilidad exclusiva del Concejo Deliberante, que votó “otra cosa” por mayoría, con la negativa de las concejales Ambroggi y Otharán.
Algo se negaron a votar estas mujeres. Recogiendo la propuesta de Santos a los medios, “informen bien” le pedimos que haga lo propio. Y no es mala leche, como sugiere. Es que no se entiende, de verdad. ¿Habrá que pagar o no? En tal caso, ¿por qué se ha eliminado en la ordenanza la expresión “bonos contribución”?. ¿Es apenas un firulete de redacción?
Y si todo es como Santos dice y no como se desprende de la lectura de la ordenanza, queremos saber bien clarito si nadie tendrá obligación de pagar o si la excepción de pago quedará vinculada al criterio de la Subsecretaría.
Este organismo tiene la responsabilidad de informar como corresponde, de una vez por todas. Para que todos sepamos a qué estamos jugando y bajo qué reglas: no es lo mismo el chinchón que el póker. No es lo mismo, desde ya.
Christine Clark
Nota: todos los entrecomillados pertenecen a la autora. La autoría del proyecto votado no, esa corresponde al concejal Ragusso.