10 Jun 2012 | El Cerro Mallo regala un trekking que en condiciones de verano presenta una dificultad fácil y nos puede insumir entre 6 y 8 horas de ida y vuelta. Fuera de esta época, hay que estar preparado para jornadas un poco más largas y tener formación sobre manejo de nieve, hielo y condiciones invernales.

El fin de semana pasado, el clima se anunciaba tormentoso, igual que aquella semana donde mayo descargó toda su lluvia en apenas cinco días. El sábado me encontré a almorzar con unos amigos de Bahía Blanca que habían venido a pasear y escalar montañas por San Martín de los Andes. La lluvia no se los había permitido y el domingo se les terminaba el tiempo. Entonces, viendo que el cielo mostraba su color celeste entre nubes blancas que iban y venían con el viento, decidimos ir a escalar el Cerro Mallo. Aunque los pronósticos no eran propicios, nos quedaba la esperanza de que esa noche cayeran las últimas precipitaciones y al mediodía comenzara a despejar.
El domingo temprano nos encontramos después de desayunar; no llovía pero las montañas estaban tapadas por las nubes y el aire se sentía muy frío. Claramente podíamos suponer que la noche anterior, la precipitación en la parte alta de la montaña había caído en forma de nieve. Controlamos que no nos faltara el abrigo, que iba a ser de mucha necesidad, y partimos rumbo a Nonthué, donde se encuentra el Cerro Mallo. Saliendo del pueblo, tomamos la primera rotonda a la izquierda, por la ruta provincial N° 61, y entre mates y charla empezamos a disfrutar del ascenso otoñal que nos esperaba. La montaña se dejaba ver helada y entre las nubes podíamos vislumbrar las cumbres nevadas, los valles escarchados, el viento calmo y la ansiedad y el ánimo que crecían a medida que nos acercábamos.
Después de unos 30 km de viaje, frente al camping agreste de Nonthué, justo después de cruzar el arroyo homónimo, se encuentra el comienzo de la picada. Hay una entrada para automóviles donde se puede subir el vehículo y estacionarlo al reparo del bosque. Hicimos los últimos preparativos, calzamos nuestras mochilas sobre las espaldas y partimos a la aventura. El sendero se encontraba (como hoy) perfectamente marcado y señalizado con marcas azules y flechas amarillas.
La montaña estaba impecable: el otoño ya había hecho lo suyo y caminábamos sobre una espesa alfombra de hojas de robles y raulíes, donde el abrigo del bosque pronto comenzó a sentirse y el calor nos abrazó el cuerpo. Luego de media hora, arribamos al arroyo donde acomodamos nuestro abrigo, nos hidratamos y continuamos para encarar el fuerte ascenso que nos esperaba.
Cruzamos el arroyo por un tronco que estaba a nuestra izquierda, con el cual debimos tener especial cuidado ya que estaba mojado y resbalarse era una posibilidad que queríamos evitar. Tras una hora de fuerte subida, nos encontramos con que la nieve había escarchado y pincelado todo el paisaje de blanco y pronto empezamos a disfrutar de la magia del invierno en la montaña. Luego, arribamos al segundo arroyo; hasta aquí, habíamos caminado alrededor de dos horas y el bosque llegaba a su fin. El frío comenzó a sentirse nuevamente y un suave pero inclemente viento anunciaba que las próximas horas tendríamos que luchar contra él y la nieve en polvo que por sectores tapaba nuestros pies.
De pronto, la montaña nos presentó el primer gran desafío, nos hizo darnos cuenta que no se trataba de un simple trekking de verano… Después de cruzar el arroyo, un sendero con fuerte pendiente nos llevó hasta un pedrero que hay que superar hasta montarse a un col (paso de altura que nos permite pasar de un vertiente a otra). Este sector siempre demanda esfuerzo y cuidado, pero no esperábamos encontrar las exigentes condiciones a las que nos enfrentamos: una dura capa de hielo cubría todas las piedras, demandando gran esfuerzo de nuestra parte para romperla y buscar pisada tras pisada sin resbalar. El avance se volvió lento y el frío comenzó a calar en el interior de nuestros cuerpos. Sentimos el sabor de la montaña que nos ponía a prueba con condiciones inesperadas.
Luego de superar este paso (parada obligada, abrigo y té caliente), continuamos nuestro ascenso. La montaña expuso una travesía hacia la izquierda, marcada con unos hierros y unas cañas, que es larga pero con majestuosas vistas, que ese día las nubes nos negaron. Continuamos abriendo huella en la nieve y esquivando sectores con hielo hasta alcanzar el ascenso final, que presentaba una pendiente exigente con gran acumulación de nieve y que provocó que comenzáramos a enterrarnos más de la cuenta. Debajo, había sectores con hielo duro de una nevada anterior, más el viento blanco que levantaba la liviana nieve recién caída y las espesas nubes que apenas dejaban ver.
Luchamos por ganar metro a metro y sólo faltaba un poco para llegar a la cumbre cuando decidimos que hasta ahí había sido suficiente: nuestra sed de montaña había sido saciada y no valía la pena arriesgar más de la cuenta. Hay un viejo refrán que dice “La montaña siempre estará aquí, sólo hay que volver “. Satisfechos, cansados y con necesidad de calor, volvimos a buscar el bosque donde podríamos hacer un parada con un poco más de ‘confort’. La hora había pasado sin darnos cuenta, pero nuestros estómagos nos avisaban que el mediodía había quedado atrás. Comimos, terminamos el termo de té caliente -una caricia para nuestros cuerpos- y descendimos hasta la base. Finalmente, los últimos rayos del sol nos encontraron regresando a San Martín de los Andes y planeando las próximas aventuras.
El Cerro Mallo regala un trekking que en condiciones de verano presenta una dificulta fácil y nos puede insumir entre 6 y 8 horas de ida y vuelta. Fuera de esta época, hay que estar preparado para jornadas un poco más largas y tener formación sobre manejo de nieve, hielo y condiciones invernales. Es importante estar bien atento a las condiciones de la nieve, ya que presenta varios sectores que son propicios a las avalanchas y es recomendable contar con equipo y manejo de seguridad en avalanchas (arva, pala y sonda). En próximas notas, hablaremos específicamente de seguridad en montañas nevadas. Algo más: no se olviden de disfrutar este fin de semana!
Christian Aprea
Guía de Montaña AAGM
Profesor de Educación Física
www.acción-sur.com.ar

